Comisiones Obreras de Castilla-La Mancha | 12 octubre 2026.

ARTICULO DE OPINI脫N

La vida en una botella de agua fresca: el valor de lo invisible en la Sanidad P煤blica

    11/09/2026.
    Esther Serrano

    Esther Serrano

    Llevo varios días intentando decidir si debía escribir o no este artículo. Me da pudor contar algo tan personal e íntimo, pero hay momentos en los que una siente que tiene la obligación de hablar. No solo para aliviar lo que llevo dentro, sino también para que no olvidemos que, en medio de tanto ruido, hay cosas que merecen ser contadas.

    Vivimos tiempos en los que parece que solo hay espacio para hablar del odio, del rechazo al diferente, de la insolidaridad y de la confrontación. Vemos faltas de respeto en la clase política a unos niveles como nunca antes se habían visto, ataques a periodistas por hacer su trabajo o personajes que pisotean la libertad de los demás. Vemos imágenes de niños y niñas inmigrantes llegando exhaustos a nuestras costas y lo que más me asusta es que quizá, sin darnos cuenta, estamos empezando a normalizarlo.

    Por eso, tengo la necesidad de hablar de algo distinto, de una de las mejores cosas que tiene mi país: LA SANIDAD PÚBLICA.

    Hace cuarenta años de la aprobación de la Ley General de Sanidad, que supuso una de las grandes conquistas sociales de nuestra Democracia. Detrás de aquella ley había una idea tan sencilla como revolucionaria: que la salud no debía depender del dinero, del lugar de nacimiento ni de la suerte.

    Fue un gran pacto en el que se entendió que cuidar la vida debía estar por encima de cualquier interés económico o político. Una decisión que transformó la vida de millones de personas y consolidó la Sanidad como un derecho colectivo y uno de los pilares de nuestro Estado de Bienestar. Cuatro décadas después, el debate ya no es si debe existir, sino cómo protegerla y financiarla frente a los nuevos retos.

    También tenemos que hablar de ella para contar lo que funciona, poner en valor a quienes la hacen posible y no dejar que solo suene o destaque lo malo.

    Yo lo he comprobado estos días.

    Hace trece días operaron a mi madre del corazón. Todavía continúa en la UCI porque, debido a su edad y a otras patologías, su situación clínica se complicó. Y mientras la incertidumbre, el miedo y la preocupación se instalaban en nosotros, yo empecé a fijarme en otras cosas:

    En los pequeños gestos.

    En las palabras.

    En las miradas.

    En esa humanidad que no aparece en las estadísticas.

    He podido comprobar de primera mano la extraordinaria profesionalidad de los trabajadores de la UCI del Hospital General Universitario de Ciudad Real, pero también algo que para una familia en una situación así tiene un valor incalculable: su calidad humana. Mi madre ha recibido una atención médica excelente, pero también ha recibido caricias, palabras de ánimo y pequeños gestos de cariño.

    Le han guardado una botella de agua con su nombre para que la tuviera siempre fresquita, como a ella le gusta. Han procurado incluso que pudiera tomar el sabor de yogur que prefiere.

    Puede parecer insignificante. No lo es. En esos momentos de miedo e incertidumbre por un ser querido, estos pequeños detalles se convierten en un bálsamo para el alma.

    Durante mis horas de espera en los pasillos del hospital me he cruzado con infinidad de situaciones, a cual más complicada, pero también he visto una escena que no quiero olvidar: la de una niña a la que llevaban en camilla mientras ella iba saludando a todo el mundo a su paso, con una enorme sonrisa dibujada en su cara. En un momento determinado se cruzó con un celador; él levantó las manos y le dibujó un corazón juntando sus manos.

    Y pensé: esto también es mi país. Esta es la gente y estos son los profesionales que tenemos.

    Estas cosas ocurren todos los días y, sin embargo, apenas hablamos de ellas. Quizá porque no generan polémica. Quizá porque no provocan enfrentamientos. Quizá porque la solidaridad, la empatía y la humanidad no suelen convertirse en noticia.

    Salgo con más fuerza y ánimo que nunca para aportar mi granito de arena en la defensa de lo que es de todos y todas. Porque estos días en la UCI no he visto ninguna diferencia en la atención por ser de España, de Perú o del Sáhara, ni he visto a nadie preguntar si una persona está regularizada o no antes de atender una urgencia. He visto personas cuidando de personas, simplemente.

    Por eso quiero poner en valor la Sanidad Pública que tenemos. Sé que tiene problemas, sé que necesita recursos, profesionales, planificación y respuesta a los nuevos retos. Defenderla no significa negar que tiene problemas; significa no olvidar lo que representa.

    Para mí, estos días han sido una burbuja en la que me he aislado del ruido. Me he agarrado con fuerza al sueño de un mundo donde vuelvan el respeto a los derechos humanos y el abrazo al diferente; un lugar donde no quepa el odio, donde la solidaridad no sea vista como una debilidad. ¿Es posible?

    Yo quiero creer que sí.

    Solo tenemos que ponernos manos a la obra, sacar a la luz lo bueno, hablar de valores y no dejarnos engañar por las mentiras que pretenden ensuciarlo todo y nublar el entendimiento de la gente de bien, que en este país seguimos siendo la mayoría.

    No lo olvidemos.

    Esther Serrano, Secretaria General de CCOO Ciudad Real